Un rebranding interno
A veces nos cuesta más cambiar el relato que la realidad.
Últimamente he estado pensando en todas esas veces en las que queremos cambiar algo afuera, cuando en realidad lo que necesita una actualización amorosa, es lo de dentro.
Un rebranding interno.
No sé si a ti te pasa, pero a veces me sorprendo intentando ordenar el exterior, como si al mover las piezas de mi alrededor pudiera acomodar también lo que está revuelto en mí. Y claro, no funciona. O funciona por un rato… y después vuelve ese desajuste, ese ruidito interno que te recuerda que lo de fondo sigue pidiendo tu atención.
Y lo que encontré era una versión mía que se había quedado un poco atrás. Una voz diciendo: “Necesito espacio. Necesito que actualices cómo me nombras, cómo me piensas, cómo me tratas”.
Qué curioso, a veces nos cuesta más cambiar el relato que la realidad. Así que he empezado un proceso de rebranding interno.
No con prisas, no como proyecto, sino como gesto de respeto. Un volver a mí con paciencia. Revisar mis límites, mis ritmos, mis ganas reales. Permiso para soltar capas que no me sirven y abrazar otras que llevan tiempo ahí, esperando.
Y algo se está moviendo. Algo que no necesita anunciarse, pero que se siente como cuando ordenas un cajón y, de pronto, todo respira distinto. Quizá tú también estás en ese momento. O quizá este textito te llega como una invitación a hacerte una pregunta sencilla
¿Qué parte de ti está pidiendo un rebranding interno? No hace falta que respondas ahora. A veces la pregunta sola ya empieza a trabajar. Gracias por acompañar estos procesos que, aunque son invisibles, nos van rediseñando por dentro. Con cariño, Lore.



Muy bonito! Concuerdo con todo. Y lo de afuera siempre, siempre, siempre es un reflejo de lo de adentro.